Esta realidad es confirmada por dos
influyentes voces del ecosistema de startups. Paul Graham, cofundador de Y
Combinator, observó una vez que las startups son como los tiburones: si
dejan de nadar, mueren; una analogía simple pero poderosa. Brian Armstrong,
cofundador y CEO de Coinbase, describió el emprendimiento con una
metáfora distinta pero igualmente poderosa: la de estar al pie de una montaña
envuelta en niebla, donde uno mira hacia arriba tratando de descifrar cómo
llegar a la cima, pero solo se puede ver tres o cuatro metros por delante
debido a la espesa niebla. Para quien quiera escalar la montaña, es necesario
avanzar en la niebla y descubrir el camino de a poco, gradualmente. En este
proceso de avanzar hacia lo desconocido es posible que, de pronto, el escalador
se encuentre al borde de un abismo en cuyo caso es necesario retroceder y
continuar el ascenso en otra dirección. ¿Parece esto demasiado intuitivo y
peligroso? Lo es, la mayoría de las personas evitan el estrés de avanzar hacia
lo desconocido, pero es la única forma de avanzar en la niebla.
Armstrong resume así esta filosofía: si uno
está en la etapa de validar la idea del negocio y ajustar el producto a las
necesidades reales del mercado, el mejor consejo es siempre hacer algo que
genere información útil para seguir avanzando. A veces, dice Armstrong, el
emprendedor ni siquiera necesita saber de antemano lo que está buscando; a
veces, el solo hecho de seguir haciendo cosas permite al emprendedor obtener
información para entender mejor el mercado, el comportamiento del consumidor,
la competencia, o incluso identificar nuevas oportunidades para explorar.
Aunque las dos ilustraciones usan imágenes
distintas, describen la misma realidad emprendedora. Los emprendimientos
sobreviven y crecen no porque los fundadores posean un conocimiento perfecto,
sino porque generan continuamente nuevo conocimiento mediante la
experimentación. En otras palabras, los emprendedores no simplemente ejecutan
planes: descubren oportunidades actuando.
Por qué más planificación no es la
respuesta
Uno de los mayores malentendidos entre los
emprendedores es la creencia de que la incertidumbre puede eliminarse mediante
análisis y planificación. Esta suposición suele conducir a lo que los
psicólogos llaman parálisis por análisis, una situación en la que los
emprendedores pasan mucho tiempo (incluso años) refinando planes de negocio,
investigando el mercado, diseñando logotipos y proyectando estados financieros
sin llegar a interactuar con clientes potenciales. La ironía es que estas
actividades pueden crear una ilusión de progreso; sin embargo, producen muy
poca información real acerca del mercado, las percepciones y expectativas de
clientes reales acerca de la propuesta de valor del emprendimiento.
Por otra parte, las primeras etapas de un
emprendimiento son fundamentalmente distintas de la gestión de un negocio ya
establecido. Las grandes organizaciones suelen optimizar modelos de negocio ya
comprobados, por lo que, obviamente, el análisis y la planificación son
esenciales. Los nuevos emprendimientos, en cambio, no están tratando de mejorar
un modelo de negocio que ya existe y ha probado ser eficiente, sino que están
buscando uno para implementarlo. En este proceso de validación, donde el
emprendedor busca ajustar su propuesta de valor a las necesidades reales de
mercado, los emprendedores deben responder preguntas tales como: ¿Es el
problema identificado lo suficientemente importante como para que los clientes
paguen por una solución? ¿Qué segmento de clientes tiene la mayor necesidad?
¿Qué características del producto importan más? ¿Qué estrategia de precios
aceptarán los clientes? ¿Qué canales de marketing son efectivos? Ninguna
planificación, por más meticulosa que sea, puede dar respuestas definitivas,
simplemente porque esas respuestas todavía no existen. Deben descubrirse en
el mercado.
Precisamente por esto la afirmación de
Armstrong de que solo la acción produce información merece convertirse
en uno de los pilares del emprendimiento. Cada conversación con un cliente
potencial, cada prototipo, cada demostración de producto, cada experimento de
marketing, cada fracaso de ventas y cada nuevo ajuste del producto genera nueva
información. Algunos experimentos confirman las suposiciones, mientras que
otros revelan que la hipótesis original era incorrecta. Ambos resultados son
valiosos porque reducen la incertidumbre y acercan al emprendimiento a un
modelo de negocio viable.
Airbnb, Dropbox y el poder de
simplemente intentarlo
La historia de los emprendimientos exitosos
ofrece abundante evidencia de este enfoque. Airbnb, por ejemplo, no surgió de
un plan de negocio impecable. Sus fundadores creían inicialmente que los
viajeros podrían estar dispuestos a alquilar colchones inflables en casas
particulares, durante conferencias internacionales, por ejemplo, cuando no
había habitaciones de hotel disponibles. En lugar de enfocarse en una
planificación meticulosa para despejar la incertidumbre, lanzaron un sitio web
sencillo y observaron el comportamiento de los clientes. La adopción inicial
fue limitada, pero en lugar de abandonar la idea, experimentaron continuamente.
Descubrieron que las fotografías de baja calidad desalentaban las reservas, lo
que los llevó a visitar personalmente a los anfitriones y tomar fotos
profesionales de sus propiedades. Esta acción aparentemente pequeña aumentó
drásticamente las reservas y reveló información valiosa sobre la confianza del
cliente y el comportamiento de compra. Con el tiempo, cientos de experimentos
similares ayudaron a transformar una idea modesta en una de las mayores
plataformas de hospedaje del mundo.
Dropbox siguió un camino comparable. El
fundador Drew Houston reconoció la dificultad de convencer a los usuarios de
adoptar un servicio de almacenamiento en la nube que todavía no existía como lo
conocemos hoy. En lugar de invertir años construyendo un producto completo
antes de probar la demanda, creó un breve video de demostración que ilustraba
cómo funcionaría el software. La respuesta abrumadora validó el interés de los
clientes mucho antes de que el producto estuviera terminado. Ese simple experimento
proporcionó información de mercado más confiable que innumerables sesiones
adicionales de planificación.
Suposiciones frente a evidencia: por qué
importa la acción
Estos ejemplos ilustran un principio que va
mucho más allá de los emprendimientos estrictamente tecnológicos. Consideremos
dos emprendedores que lanzan negocios idénticos. El primero pasa un año entero
refinando proyecciones financieras, diseñando estrategias de marketing,
preparando presentaciones para inversionistas y perfeccionando un plan de
negocio integral. El segundo pasa ese mismo año entrevistando clientes,
construyendo prototipos, probando estrategias de precios, haciendo llamadas de
ventas, recopilando comentarios y modificando el producto según observaciones
del mercado real. Al cabo de doce meses, el primer emprendedor posee una
impresionante colección de documentos. El segundo posee algo considerablemente
más valioso: conocimiento validado sobre clientes, mercados y creación
de valor. Mientras el primero ha acumulado suposiciones fundamentadas, el
segundo ha acumulado evidencia en base a hechos.
Esta distinción resalta una de las
características más importantes del aprendizaje emprendedor. La información
nunca precede a la acción, sino que la información es la consecuencia de la
acción. Los emprendedores a menudo suponen que deben adquirir primero
suficiente información antes de tomar decisiones; pero, en realidad, muchas de
las piezas de información más valiosas solo están disponibles después de que se
han tomado decisiones y se han realizado experimentos o algún tipo de acción.
De este modo, cada acción genera retroalimentación, cada ciclo de
retroalimentación mejora la comprensión, y cada mejora permite tomar decisiones
más informadas. El progreso surge mediante ciclos repetidos de experimentación,
no mediante una predicción exhaustiva.
Fallar, aprender, adaptarse
Esta perspectiva también cambia la manera
en que los emprendedores deben pensar sobre el fracaso. En la gestión
tradicional, las iniciativas fallidas suelen verse como errores costosos que
debieron evitarse mediante una mejor planificación. En el emprendimiento, sin
embargo, muchos experimentos fallidos representan un aprendizaje productivo.
Descubrir que los clientes no valoran una característica particular, rechazan
un modelo de precios o pertenecen a un segmento de mercado distinto no es
necesariamente un retroceso. Es información que evita errores aún mayores en el
futuro. El objetivo no es evitar todos los fracasos, sino aprender rápido,
adaptarse con inteligencia y seguir avanzando.
Otra vez, la metáfora de Paul Graham
refuerza esta idea desde otro ángulo. Los tiburones sobreviven porque nunca
dejan de nadar. De igual manera, las startups permanecen vivas porque actúan
en lugar de enfocarse excesivamente en el análisis sin acción. La
experimentación continua genera aprendizaje continuo, y el aprendizaje continuo
aumenta la probabilidad de descubrir eventualmente un modelo de negocio que
asegure crecimiento sostenible. Un emprendimiento que renuncia al aprendizaje y
experimentación continua agota gradualmente no solo sus oportunidades sino
también sus recursos estratégicos.
La montaña cubierta por la niebla de Brian
Armstrong quizás sea una representación aún más precisa del recorrido
emprendedor. Los emprendedores desearían naturalmente poder ver toda la ruta
antes de comenzar el ascenso. Suena lógico y racional buscar certeza antes de
comprometer tiempo, dinero y esfuerzo. Sin embargo, el emprendimiento rara vez
ofrece esa certeza. El camino se vuelve visible un tramo a la vez. Cada paso
revela los siguientes, y en ocasiones los emprendedores descubren que han
subido hacia la cima equivocada y deben retroceder. Aunque estos desvíos puedan
parecer ineficientes, muchas veces son la única forma de encontrar la dirección
correcta.
Aprender en lugar de predecir
La implicación para los emprendedores es a
la vez simple y profunda. En las etapas más tempranas de un emprendimiento, el
progreso depende menos de crear planes perfectos y depende más de la
disposición de aprender y experimentar continuamente. La planificación
sigue siendo valiosa porque ayuda a organizar el pensamiento y a asignar los
recursos con eficiencia. Sin embargo, los planes deben verse como hipótesis y
no como predicciones certeras. Su propósito no es eliminar la incertidumbre,
sino identificar qué suposiciones deben ponerse a prueba.
En última instancia, el emprendimiento
exitoso no consiste en predecir el futuro con precisión. Consiste en aprender
más rápido de lo que evoluciona la incertidumbre. Los emprendedores que
construyen compañías exitosas rara vez son aquellos que cuentan con información
más completa, sino que son aquellos quienes generan información con mayor
rapidez, mediante la acción deliberada, para superar “la niebla” de la
incertidumbre.
Como nos recuerda Brian Armstrong, el
camino hacia el ajuste producto-mercado casi siempre está oculto por la niebla.
Esperar una visibilidad perfecta significa nunca comenzar el ascenso. Los
emprendedores que llegan a la cima son quienes están dispuestos a dar los
primeros pasos, aprender de lo que descubren y seguir avanzando.






