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jueves, 1 de noviembre de 2018

LA FÓRMULA PARA LA FELICIDAD Y EL ÉXITO EN EL TRABAJO


Se ha dicho que nuestro mundo externo predice nuestros niveles de felicidad. Pero, la ciencia lo ha demostrado, la realidad y las circunstancias externas predicen solo el 10% de la felicidad a largo plazo. Asombrosamente, el 90 por ciento de la felicidad a largo plazo se predice no por el mundo externo, sino por la forma en que el cerebro procesa la realidad. Shawn Achor, experto en psicología positiva de la Universidad de Harvard, descubrió que solo el 25% de los éxitos laborales se pronostican mediante el coeficiente intelectual mientras que el 75% de los éxitos laborales se pronostican por los niveles de optimismo, soporte social y la capacidad para ver el estrés como un desafío en lugar de una amenaza.
"Encontré que la mayoría de las empresas y escuelas siguen una fórmula para el éxito, que es la siguiente: si trabajo más duro, tendré más éxito. Y si tengo más éxito, estaré más feliz", dice Achor. Sin embargo, el problema es que esta concepción no tiene sustento científico y esta equivocada por dos razones fundamentales. Primero, cada vez que el cerebro satisface una necesidad de éxito, inmediatamente aparece otra: Si obtuviste buenas calificaciones, ahora tienes que obtener mejores calificaciones; si conseguiste un buen trabajo, ahora tienes que conseguir uno mejor. Segundo, si la felicidad es el resultado del éxito, entonces el cerebro nunca puede llegar allí debido a que la percepción de éxito cambia continuamente. Socialmente se ha puesto la felicidad en el horizonte cognitivo y por eso creemos que tenemos que ser exitosos para ser felices.
Según Achor, nuestro cerebro trabaja en el orden opuesto. Si una persona construye una percepción positiva de si mismo y de su entorno, entonces su cerebro experimenta lo que Achor llama la "ventaja de la felicidad" en la que el cerebro, en un estado positivo u optimista, se desempeña significativamente mejor que uno en un estado pesimista, neutral o estresado. Achor descubrió que el cerebro con actitud “positiva” es 31 % mas productivo. Los empleados con actitud positiva son 30 % más productivos y los médicos son 19 % más rápidos y precisos en el diagnóstico de sus pacientes.
En otras palabras, si podemos encontrar una forma de percibir la realidad con una perspectiva más positiva, más optimista, entonces nuestro cerebro funcionara mejor: más rápido, mejor concentrado y de manera mas inteligente. La dopamina, la substancia que fluye en el sistema cuando una persona actúa positivamente, tiene dos funciones: incrementa la sensación de placer y enciende todos los centros que estimulan el aprendizaje en el cerebro.
Sin embargo, ¿Es posible entrenar el cerebro para cambiar la percepción de la realidad? La respuesta es sí. Mediante la práctica de rutinas simples es posible reconfigurar el funcionamiento del cerebro de modo que funcione con una perspectiva más optimista. Achor describe algunas formas prácticas de ser más positivos; por ejemplo, escribir tres experiencias positivas durante 21 días, tres cosas nuevas cada día. Este simple ejercicio ayuda al cerebro a retener una lógica de percepción de la realidad priorizando el lado positivo de las cosas más que lo negativo.
El simple hecho de escribir una experiencia positiva al final del día permite al cerebro revivir la experiencia y reforzar el pensamiento positivo; el ejercicio regular incrementa el bienestar físico y mental. La meditación permite al cerebro desarrollar capacidades de concentración. Los actos conscientes de generosidad y amabilidad son herramienta poderosa para incrementar la felicidad personal. Intente hacer esto: empiece el día agradeciendo y/o felicitando a alguien por algo que dijo o hizo. El sentimiento autentico de gratitud y reconocimiento incrementa el bienestar personal.
Al realizar estas actividades, entrenando su cerebro al igual que entrenamos nuestros cuerpos, concluye Achor, podemos revertir la fórmula de la felicidad y el éxito; y al hacerlo, no solo crearemos un entorno más positivo, sino una verdadera revolución en el trabajo.

miércoles, 18 de julio de 2018

¿VALE LA PENA SER OPTIMISTA?


Algunas personas dicen que el secreto de la felicidad son las bajas expectativas. La lógica de esta forma de pensamiento es más o menos así: si no tenemos grandes expectativas, si no esperamos tener éxito, salud y/o encontrar el amor, entonces no nos desilusionaremos cuando estas cosas no sucedan. Y si no estamos decepcionados cuando las cosas buenas no suceden, entonces estaremos muy gratamente sorprendidos cuando sucedan y entonces, seremos felices.

Aparentemente este es un razonamiento muy coherente; sin embargo, la Dra. Tali Sharot, Psicóloga de la Universidad College de Londres, describe tres razones del por qué este razonamiento es equivocado:
En primer lugar, pase lo que pase, ya sea que tenga éxito o fracase, las personas con altas expectativas siempre se sienten y trabajan mejor. Cómo las personas reaccionan frente a un evento exitoso (ganar un ascenso, por ejemplo) o un fracaso (ser despedido del trabajo, por ejemplo), depende mucho de cómo las personas interpretan ese evento.
Los psicólogos Margaret Marshall y John Brown estudiaron a estudiantes con altas y bajas expectativas. Al final descubrieron que cuando las personas con grandes expectativas tienen éxito, atribuyen ese éxito a sus propias capacidades y cuando fracasan se esfuerzan en aprender de sus errores. Las personas con bajas expectativas interpretan los eventos de manera diferente: suelen atribuir sus éxitos a la buena fortuna y culpan a otros cuando fracasan.
En segundo lugar; independientemente del resultado, sugiere la Dra. Sharot, el puro acto de anticipación hace a las personas felices. Una investigación pidió a las personas elegir en orden de importancia sus días favoritos de la semana. Sorprendentemente el sábado ocupo el primer lugar, viernes y domingo el segundo y tercer lugar respectivamente. Esto es realmente curioso si consideramos que viernes es día laboral y el domingo es día de descanso.
Pareciera racional pensar que la gente prefiera el domingo más que el viernes, pero esto no es así. En realidad, no es que las personas disfruten más trabajando o que detesten pasear por el parque o tener un tiempo para relajarse. Simplemente la gente prefiere el viernes porque el viernes trae consigo la anticipación del fin de semana, los planes y las expectativas. Después del domingo, lo único que se puede esperar es el inicio de una semana laboral.
En tercer lugar, experimentos han demostrado que el optimismo no solo está relacionado con el éxito, sino que el optimismo conduce al éxito. En efecto, diversos estudios alrededor del mundo han demostrado que el optimismo conduce al éxito en el trabajo, los estudio, los deportes e incluso la política. Sin embargo, el beneficio más sorprendente del optimismo es la salud. Si esperamos que el futuro sea brillante, el estrés y la ansiedad se reducen.
Pero cuidado, un optimismo poco realista puede ser muy peligroso, puede llevar a asumir riesgos innecesarios, al colapso financiero, o a una planificación defectuosa. Entonces, ¿cómo estar protegidos de los riesgos de un optimismo extremo, pero al mismo tiempo cultivar un optimismo realista que nos permita ver el futuro con altas expectativas?
La clave es combinar optimismo con honestidad y disposición para actuar. Esto implica tres aspectos: primero, hacer una evaluación honesta de los riesgos, obstáculos y desafíos que implica un proyecto; segundo, valorar posibles escenarios e identificar oportunidades específicas de éxito; y tercero, comprometer los recursos y esfuerzos necesarios para asegurar el éxito.
Como la Dra Sharot ilustra este punto: un pingüino pesimista simplemente no cree que pueda volar; un pingüino extremadamente optimista salta ciegamente al vacío esperando que las cosas salgan bien; un pingüino optimista realista cree que puede volar, pero se ajusta un paracaídas a su espalda en caso de que las cosas no salgan como está planeando.
Por lo general, concluye la Dra. Sharot, para poder hacer algún tipo de progreso, debemos ser capaces de imaginar una realidad diferente y luego "es fundamental creer que esa realidad es posible."

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