Aunque expresiones como “fracasar
rápido” y “aprender de los errores” son comunes, rara vez se
traducen en comportamientos accionables. Por ejemplo, cuando un emprendimiento
fracasa, un lanzamiento de producto colapsa o una iniciativa estratégica no
alcanza los resultados esperados, los líderes suelen responder de forma
defensiva o emocional. Estas reacciones pueden proteger la autoestima en el
corto plazo, pero inhiben el aprendizaje y el mejoramiento en el mediano y largo
plazo. Para avanzar, los líderes necesitan un enfoque práctico que integre el
balance emocional con disciplina y acción. A continuación, se presentan tres
pasos prácticos para transformar los fracasos en activos estratégicos.
Paso 1: Aceptar el fracaso sin excusas
El primer paso para superar el fracaso es
aceptarlo en su dimensión real; esto es, reconocer el hecho y sus consecuencias
sin excusas ni justificaciones. Esto no significa adoptar una perspectiva
pesimista ni adjudicarse ciegamente toda la responsabilidad; supone, más bien,
un análisis con base en hechos objetivos para identificar los factores que
incidieron en el resultado. El enfoque debe centrarse en encontrar debilidades
en el proceso (qué funcionó mal) en lugar de buscar culpables (quién
tiene la culpa).
Después de un fracaso, los líderes suelen
mostrar una respuesta más emocional que racional, principalmente para proteger
su ego. Por ejemplo, es común atribuir el fallo a factores externos (la
competencia, la economía o factores del entorno) o interpretar el resultado
como algo inevitable. Aunque estas razones pueden ser comprensibles e, incluso,
aceptables hasta cierto punto, la realidad es que limitan el desarrollo
debido a su naturaleza pasiva. Mientras el fracaso se atribuya exclusivamente a
fuerzas externas, como el mercado o el comportamiento de los clientes, el líder
pierde su capacidad de control y de acción para revertir la situación
Por otro lado, la aceptación del fracaso
en su dimensión real restaura la capacidad de control y de acción. Al
reconocer abiertamente los factores organizacionales y humanos que
contribuyeron al fracaso, tales como deficiencias en los procesos internos o un
entrenamiento insuficiente del personal, los líderes pasan de una posición
pasiva a una activa. Este cambio cognitivo reduce la resistencia emocional y
activa un pensamiento reflexivo y analítico, facilitando una resolución de
problemas mucho más efectiva
Un fracaso que ejemplifica este punto es la
decisión de Netflix en 2011 de separar sus servicios de DVD y streaming
bajo la marca Qwikster. Esta medida generó un fuerte rechazo por parte
de los clientes; de hecho, cerca de 800 mil usuarios cancelaron su suscripción,
lo que provocó pérdidas financieras significativas. En lugar de justificar la
decisión, el CEO Reed Hastings reconoció públicamente el error y asumió la
responsabilidad. Esta rápida aceptación permitió a la empresa corregir el rumbo
de inmediato, reconstruir la confianza y reenfocar su estrategia a largo plazo.
La aceptación del fracaso no debilitó a Netflix, sino que aceleró su recuperación.
Paso 2: Enfocarse en lo que puede
cambiarse
Una vez que el fracaso se acepta
abiertamente, el siguiente paso es dirigir la atención hacia las variables
controlables. Esto implica adoptar una perspectiva de control interno,
enfocando la energía en los factores que están bajo la influencia del emprendedor
o del líder, en lugar de concentrarse en restricciones externas. Tras un fracaso,
los líderes suelen dedicar un esfuerzo considerable a justificar los
resultados, enfatizando a menudo condiciones incontrolables como las tendencias
económicas o las acciones de la competencia. Esta orientación 'de afuera
hacia adentro' consume energía sin generar mejoras objetivas. Por el
contrario, cuando el líder adopta una mentalidad proactiva, prioriza los
aspectos internos controlables desde una perspectiva 'de adentro
hacia afuera.’
Una perspectiva proactiva de control
interno no niega las realidades externas, sino que prioriza los puntos de
apalancamiento accionables. Esto incluye la optimización de los procesos
internos, la asignación de recursos, la toma de decisiones, los canales de
comunicación y la adopción de nuevos métodos de trabajo, entre otros. Estos
ajustes aumentan la capacidad organizacional y mejoran el desempeño,
independientemente de la volatilidad del entorno
El origen de Slack ilustra claramente este
principio. La empresa comenzó como un emprendimiento de videojuegos cuyo
producto principal, sin embargo, no logró tracción en el mercado. En lugar de
culpar al entorno, los fundadores analizaron lo que habían desarrollado
internamente y reconocieron el valor de la herramienta de comunicación creada
durante el proceso de desarrollo. Al centrarse en esta capacidad interna y reorientar
el emprendimiento desde el producto original, transformaron un fracaso rotundo
en una oportunidad decisiva
Paso 3: Reconstruir a través de pequeños
logros
El último paso se refiere a la forma en que
se ejecutan las acciones inmediatas para revertir la situación. Tras un fracaso
significativo, los líderes suelen sentir la presión de emprender acciones
drásticas: una reestructuración profunda, la adopción de una nueva imagen
corporativa o la implementación de iniciativas de alto riesgo. Aunque
atractivas, esta clase de decisiones implica riesgos considerables, requiere
más tiempo y puede acentuar el fracaso inicial si no tiene el éxito esperado.
Una estrategia más eficaz es el desarrollo
incremental: realizar mejoras puntuales que creen un efecto compuesto a
largo plazo. Mientras el fracaso genera inercia, las acciones pequeñas
reducen la resistencia al cambio y hacen que el progreso sea alcanzable. Estas
mejoras tienen la virtud de generar un refuerzo positivo: cada pequeño logro
restaura la confianza y establece un patrón de ejecución que, con el tiempo, da
lugar a una transformación sustancial.
La recuperación de Starbucks en 2008
ejemplifica este enfoque. Howard Schultz no se concentró en una expansión
agresiva, sino en el mejoramiento de los fundamentos operativos. Una de sus
decisiones clave fue cerrar todas las tiendas en los Estados Unidos. por unas
horas para volver a entrenar a los empleados en la preparación del café. Esta
intervención, centrada en la calidad, reforzó los valores centrales y sentó las
bases para una recuperación sostenible.
Conclusión
El fracaso en los negocios es inevitable,
pero no el estancamiento. Los líderes rara vez son derrotados por el fracaso en
sí, sino por la forma en que reaccionan ante él. Al aplicar tres pasos
prácticos —aceptación abierta, enfoque en variables controlables y promoción de
progreso incremental—, los líderes convierten el fracaso en una ventaja
competitiva. En lugar de justificar el error, los líderes exitosos extraen su
valor para construir mayor claridad y resiliencia.

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