miércoles, 7 de enero de 2026

Del Control a la Adaptación: Cómo Liderar en Entornos Impredecibles

El entorno corporativo contemporáneo ya no se define por ciclos de estabilidad interrumpidos por episodios ocasionales de volatilidad. En su lugar, hemos entrado en una era de disrupción permanente, en la que la fricción geopolítica, la fragilidad de las cadenas de suministro y el desarrollo acelerado de tecnologías como la IA forman parte de las operaciones cotidianas. Para el CEO moderno, el rol ha cambiado de manera fundamental: ha pasado de ser un mero administrador de recursos a liderar complejos procesos de cambio en escenarios cada vez más impredecibles.

En una serie de diálogos conducidos por Jean-François Manzoni, profesor de Liderazgo, Desarrollo Organizacional y Gobierno Corporativo en la Escuela de Negocios de IMD, seis exitosos CEOs compartieron las estrategias que aplican para dirigir corporaciones internacionales en el impredecible entorno del mercado global. Este selecto grupo, que representa una amplia diversidad de industrias, desde el mundo de alto riesgo de los semiconductores en ASML hasta los avances en biotecnología de Novonesis, ofrece una clase magistral sobre el liderazgo corporativo moderno. Aunque sus sectores difieren, sus ideas convergen en tres pilares fundamentales: la necesidad de una apertura radical, la disciplina de la delegación estratégica y el cultivo de una “compostura” interna que impulse la transformación continua.

1. Liderar con transparencia y apertura

En los círculos académicos se suele hablar del “contrato social” dentro de una compañía. Para Morten Wierod, CEO del gigante suizo de ingeniería ABB, este contrato se construye sobre la base de la transparencia. Wierod, quien asumió el cargo en 2024, cuestiona la noción tradicional de que el liderazgo es inherentemente la experiencia de un “genio trabajando solo”. Al fomentar una cultura de apertura, Wierod sostiene que la imagen del “genio aislado en la cima de la organización” se convierte en un mito manejable, más que en una realidad estructural.

La filosofía de liderazgo de Wierod introduce un concepto provocador: la impaciencia como virtud, en el entendido de que, en un mercado turbulento, esta actúa como catalizador de la innovación. Sin embargo, Wierod aplica este principio diferenciando claramente entre acciones y resultados. Un líder debe ser impaciente con la velocidad de la ejecución interna, pero mantener la paciencia estratégica necesaria para que las inversiones de largo plazo prosperen.

Para cerrar la brecha entre la visión estratégica y la ejecución operativa, Wierod utiliza el pensamiento de nivel superior (level-up thinking). Este enfoque consiste en desafiar a su equipo a analizar las propuestas desde la perspectiva de sus superiores. Si los gerentes se preguntan: “Si yo fuera el CEO, ¿aprobaría esta asignación de recursos?”, se ven obligados a trascender los límites departamentales y a alinearse con la visión y la estrategia corporativa. Esta claridad reduce la fricción y garantiza que la apertura no sea simplemente “ser amable”, sino “ser cortésmente directo”, especialmente cuando la intención es mejorar colectivamente. Christophe Fouquet, CEO de ASML, refuerza esta idea al señalar que la transparencia es el único antídoto frente a las variables que afectan los procesos internos pero que no podemos controlar, como la macroeconomía global o los cambios en las regulaciones de exportación.

2. Delegación estratégica y valor único

Un tema recurrente en los diálogos de Manzoni es la “paradoja del CEO”: cuanto más poder tiene un líder, menos debería involucrarse en los detalles operativos del negocio. La transición al rol máximo exige lo que Poul Weihrauch, CEO de Mars, describe como un “alejamiento operativo”. Pasar de liderar una unidad de negocio a convertirse en un “líder de líderes” es un desafío psicológico que requiere redefinir la forma en que se mide el éxito personal.

En Mars, este enfoque se operacionaliza mediante “ejercicios de toma de decisiones”. El equipo directivo analiza de forma prioritaria debilidades y riesgos potenciales en los procesos en marcha, apoyándose en retroalimentación en tiempo real. Asimismo, se abordan abiertamente problemas de comunicación interpersonal que pueden afectar no solo la toma de decisiones, sino también el desempeño del equipo. El enfoque de Weihrauch enfatiza que la principal responsabilidad del CEO es asegurar que “los mejores líderes estén en todos los niveles”. Si un CEO no delega o no exige rendición de cuentas a su equipo, el costo final lo pagan los colaboradores, especialmente aquellos que se encuentran en la base de la pirámide organizacional y sufren las consecuencias de un liderazgo deficiente.

De manera similar, Loh Chin Hua, CEO de Keppel, ofrece un marco disciplinado para la priorización de procesos y decisiones. Tras haber transformado a Keppel de un conglomerado industrial tradicional en un sofisticado gestor global de activos, Loh enfatiza que solo “interviene en el proceso” cuando puede aportar un valor único. De acuerdo con Loh, dentro del marco de las competencias centrales del liderazgo corporativo, la priorización del tiempo y los recursos resulta fundamental; por ello, la regla de oro es clara: una vez que existe un equipo competente, el líder debe resistir la tentación de micro gestionar y concentrarse, en cambio, en el horizonte estratégico.

Para Ester Baiget, CEO de Novonesis, este “valor único” se redefine como el de asumir el rol de un radar global. Baiget delega las operaciones internas para participar activamente en foros internacionales y liderar iniciativas de alcance global. Desde esta posición, su función consiste en identificar y conectar señales del entorno, traduciendo la información del mercado global en estrategias concretas para su organización. En este modelo de liderazgo, el CEO no es quien tiene todas las respuestas, sino quien posee la capacidad de formular las preguntas correctas a partir de las señales que provienen del entorno.

3. Mantener la compostura en medio de la volatilidad

Una de las reflexiones más profundas de estos diálogos es la importancia del estado interno del líder, es decir, su compostura. En un mundo marcado por eventos impredecibles, a menudo con impactos masivos y generalizados, la capacidad de mantener la calma no es solo un rasgo de personalidad, sino un activo estratégico.

La experiencia de Loh Chin Hua durante el colapso de 2020, cuando Keppel enfrentó no solo precios bursátiles históricamente bajos, sino también la cancelación de una oferta de asociación estratégica sirve como un estudio de caso sobre el replanteamiento cognitivo y emocional del liderazgo. Loh aboga por “ser amable consigo mismo”, lo que implica desprenderse del peso emocional de la crisis y observar la situación desde una perspectiva externa. Según Loh, este enfoque le permitió comprender mejor el contexto y avanzar gradualmente hacia un progreso incremental. Esta postura filosófica evita que la frustración y el sentimiento de culpa paralicen la toma de decisiones.

Para Rohit Jawa, ex CEO de Hindustan Unilever (HUL), la resiliencia de un líder exitoso suele ser el resultado de un proceso deliberado de aprendizaje. Jawa subraya que un líder debe ejecutar (hacer) y transformarse (educarse) al mismo tiempo. Este principio se aplica no solo a la persona, sino también a la organización. Según Jawa, su carrera estuvo marcada por un “crecimiento por etapas”, en el que cada cinco años evaluaba conscientemente sus competencias e identificaba las brechas necesarias para alcanzar el siguiente nivel de liderazgo.

El compromiso de Jawa con el bienestar emocional y la reflexión pone de relieve un cambio significativo en la educación ejecutiva. El liderazgo moderno exige una transición desde la validación impulsada por el ego hacia la creación impulsada por la curiosidad. Como señala Fouquet, cuando un líder deja de intentar “probar” su valía ante los demás, gana el espacio mental necesario para preguntarse: “¿Qué podemos hacer de manera diferente?”. Esta humildad permite reconocer que las estrategias que llevaron a la cima no siempre son las que mantendrán a la empresa allí.

El nuevo paradigma del liderazgo

Las ideas recogidas por el profesor Manzoni subrayan una verdad fundamental: el CEO moderno debe ser, al mismo tiempo, un ancla y una vela. Debe proporcionar estabilidad mediante la apertura y el equilibrio, pero también contar con la agilidad necesaria para delegar y ajustar el rumbo en respuesta a las señales de su entorno. Para emprendedores y líderes empresariales, la lección es clara: el alto desempeño no es el resultado de una sola mente brillante, sino de un ecosistema organizacional basado en la confianza y la transparencia. Esto exige el coraje de ser honesto cuando las circunstancias son difíciles, la disciplina de empoderar a otros incluso cuando implica ceder control y, sobre todo, un compromiso inquebrantable con el desarrollo personal y colectivo. Así, los líderes más efectivos serán aquellos que comprendan que su mayor contribución no reside en su presencia constante en la “sala de máquinas”, sino en su capacidad para construir una cultura que permita a la organización atravesar la tormenta sin depender exclusivamente de ellos.

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